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Singapur, coronavirus y Paraguay. Análisis de medianoche

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Martín Aguero. Pediatra – Infectólogo

Singapur, coronavirus y Paraguay. Análisis de medianoche

Hoy ví en el informe diario del Ministro de Salud, Dr. Julio Mazzoleni, que tenemos 17 casos confirmados nuevos en el marco de esta pandemia. La curva ascendente de nuevos casos (aun después de lo que considero que fue una movida de ajedrez magistral: la cuarentena precoz en nuestro país) es evidente y es una realidad imparable si nos basamos en el comportamiento del virus en poblaciones que pasaron por esta fase de crecimiento en los 2 meses previos, en ejemplos más allá de nuestras fronteras.

Pero hay una realidad que es palpable en el comportamiento del virus en las poblaciones. En general se da una fase 3 (diseminación sin nexo epidemiológico conocido y generalmente rápida) que avanza aun con medidas de restricción fuertes. Es la fase de saturación de los servicios de salud en una epidemia de esta magnitud.

Vino a mi mente una disertación en la que estuve el 7 de marzo pasado junto a otra colega paraguaya, a cargo de un especialista en salud pública de Singapur corresponsable de las medidas de contención que se desarrollaron en su país hasta ese momento. Desde una cuarentena “pagada” (100 dólares por día a la persona que estaba en cuarentena, aportados por el gobierno) hasta geolocalización por celulares para los contactos de riesgo, lograron contener de una forma elegante y efectiva la epidemia. Hoy revisé los datos actualizados de Singapur, y tras una primera etapa de mitigación importante, en el lapso de 4 semanas se duplicaron los casos positivos. Hoy tienen 16 mil casos diagnosticados, con 15 muertos.

Qué es lo que me llama la atención en este ejemplo asiático? en primer lugar que confío bastante en sus datos, a juzgar por la seriedad con la que pude ver que llevaron a cabo sus primeras medidas. En segundo lugar, que el grado de contagiosidad (en epidemiología se diría el RO) se dispara en días. No importa mayormente la calidad de medidas que se tomen en forma previa, es una tormenta por la que se tendrá que pasar en algún momento de esta historia particular de cada país. En tercer lugar, la baja proporción de pacientes fallecidos.

Cuál es el punto de cruce entre Paraguay y Singapur? salvando las distancias inherentes a nuestro mucho menor poder económico como Estado, estimo que ambos países de un modo análogo pero por caminos diferentes, lograron una primera etapa de contención muy importante. Como ejemplo opuesto me tocó vivir en carne propia ver las conductas diametralmente opuestas en cuanto a conductas de salud pública, pues esa charla a la que hago referencia fue en la London School of Hygiene and Tropical Medicine, Londres, en donde yo estaba pasando unas semanas de formación hospitalaria en infectología. Y pude ver como el hospital adoptaba medidas rápidas de prevención, contrastando con la conducta del gobierno del Primer Ministro Johnson, quien apostaba a una “inmunidad de rebaño” como estrategia. Mientras que Italia cerraba las fronteras, los londinenses llevaban sus actividades normales (exceptuando el hospital que como mencioné pasó a una funcionalidad “virtual” con manejo de los casos por videoconferencias). Cuando el gobierno británico se decidió a aplicar un confinamiento, el disparo de los números fue vertiginoso, era tarde.

Y he aquí que creo que llegó el momento de atravesar la tormenta para mi país. Porque si tuvieramos la posibilidad de vivir en cuarentena un año más quizá eso nos ayudaría a llegar a puerto, con el menor número de bajas posible. Pero al tener una realidad económica que sin lugar a dudas no es sostenible en el tiempo para la mayor parte (y una parte cada vez mayor y creciente) de la población del país, los problemas circundantes empiezan a tener una notoriedad cada vez mayor. La liberación de las actividades en forma paulatina y bien pensada es una necesidad paralela a la pandemia, para evitar problemas de salud inherentes al encierro y desempleo.

Basado en las experiencias internacionales, creo que se hizo lo necesario para contener este primer oleaje de casos. Se actúo “a lo Singapur” sin tantos recursos. Inclusive las medidas de encierro fueron mayores en este nuestro pequeño país sudamericano. Entiendo que el mensaje ha sido claro en todo momento por parte de la gente que maneja epidemiología en el Ministerio de Salud. La epidemia (“la tormenta”) está allí y habrá que atravesar la zona de inestabilidad. Mi corazón aun quiere creer que habrá algún factor humano o sobrehumano que nos protegerá de un modo especial para que esto no ocurra, pero en mi cerebro las ecuaciones lógicas de la epidemiología y virología me susurran que hay que tener preparada la mente y la psiquis para un aumento quizá exponencial de casos en las siguientes semanas, sumados los casos de COVID19 a los de Influenza estacional y de otros virus que también se hacen presentes todos los años.

No creo en los mensajes apocalípticos, creo en los mensajes positivos. Positivos sin cerrar los ojos a las realidades. Y este tema de las redes sociales, la posibilidad de estar a la 01:24 de la mañana escribiendo sobre estos temas (el insomnio habitual se me profundizó algo con la pandemia, entonces hay darle utilidad al tiempo despierto) quisiera plasmarlo en un mensaje de positividad. Un análisis desde la teoría sobre lo que podría acontecer en la práctica. En este momento tenemos un sistema de salud fortificado. No ideal, pero si fortificado en tiempo record. Hay deficiencias? si las hay. Pero estimo que estamos en el momento de hacer la siguiente movida buena de la partida de ajedrez. Voy a parafrasear al Dr Sequera: “debemos empezar a contagiarnos”, pero de un modo lo más controlado posible. Suena “raro”, bueno pues es una realidad.

Nos conviene ir asumiendo los contagios que de todos modos vendrán. Que vengan ahora, que tenemos un sistema de salud sin ocupación de camas por la disminución importante de las patologías estacionales que en este momento solemos tener todos los años. La cuarentena no solo aplanó la curva del coronavirus. También disminuyeron ostensiblemente los casos respiratorios de la época. Pero esta realidad será diferente en 6 semanas, cuando los niños de menos de 2 años hagan cuadros de bronquiolitis aguda y los adultos mayores hagan neumonias “de invierno”. Porque en ese momento tendremos la curva ascendente de casos de covid19 (rezo que no sea así) sumados a los otros casos, y la saturación de los sistemas de salud (entiéndase: no hay lugares de internación para los casos graves, ni en salud pública ni en salud privada) será más rápida. Nuestro campo de juego debe cambiar: ahora debemos, hablando en términos futboleros, seguir jugando en la cancha que nos conviene. La de un sistema de salud que pueda responder a un enemigo a la vez.

Explicando con otras palabras lo que dijo Sequera: el contagio “inteligente”, cubriendo siempre con medidas de un aislamiento más rígido a la franja etaria (mayores de 60 años) y a los pacientes con comorbilidades (hipertensos, asmáticos, diabéticos, etc) que les confieran un peor pronóstico. Suena raro y quizá no fácil de comprender y aceptar después de una cuarentena en la que se buscó precisamente lo contrario. Pues bueno, la medicina no responde siempre a un cuestionamiento de la lógica, pero es así.

Qué pasa en una población en la que se tiene una proporción creciente de infectados que se recuperan? esa parte de la población que se recupera de la infección se vuelve inmune a ese germen. Y llegado a un cierto punto crítico de personas que «ya tuvieron la enfermedad y se recuperaron», la fuerza de la epidemia se va acabando, se entra a una fase decreciente de la misma y termina pasando. Así ocurrió siempre, y así va a ocurrir ahora. Pero ese ascenso de casos debe ser lento para poder atender, (mientras «nos volvemos inmunes» como población) a los casos más graves. Esas personas recuperadas son las personas «vacunadas naturalmente», son los escudos para la expansión de la epidemia. Eso es lo que quiso expresar Sequera. Que es un epidemiólogo brillante, de paso lo reafirmo.

Por un lado soy pediatra infectólogo, me apasiona mi profesión y sé que la misma se basa en información científica, fría. Pero por otro lado creo que la ciencia sin fé puede volverse igualmente ciega. De modo que cierro este posteo deseando que en todo momento Jesús y la Virgen bendigan a nuestro país y permitan que los gobernantes tomen las decisiones correctas, y los demás podamos cumplir esos planes trazados. De algún modo, estoy seguro que la tormenta pasará.

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